Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
Antiguo Edificio de la Presidencia Municipal
Celosías de tabique


En la calle Juárez


Coro de los años cincuenta

Edifico en Arista 33

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El Blanco y Negro
Muchos jóvenes de hoy en día quizás ignoren que, hace apenas veinte años, al tomar una fotografía no podíamos observarla en ese momento, sino hasta mucho tiempo después, menos aún enviarla a conocidos distantes y, mucho menos, compartirla con el mundo entero.

No, hace apenas veinte años quienes tomaban fotografías (muchísimos menos que quienes ahora lo hacen) alimentaban sus cámaras con unos rollos de treinta y seis negativos y, una vez capturadas todas las imágenes los llevaban a un negocio especializado donde, al cabo de unos días (y ya después unas horas), procesaban químicamente el rollo de negativos (lo revelaban) e imprimían en papel las correspondientes fotografías. Contra el gozo instantáneo de hoy en día, esa emoción tenía su encanto (como me dijo un gran amigo).  Y a veces, casi a la puerta del negocio uno contemplaba sus grandes dotes fotográficas o su incompetencia.

Pero había personas más audaces que se interesaban por realizar, ellos mismos, todo el proceso químico que convierte un trozo de acetato en una imagen en papel.  Y ahí los tienes, comprando cubas, químicos, papeles, charolas y un artefacto que  para definirlo pronto parecía un proyector parado, además improvisando la necesaria oscuridad en algún lugar de la casa. Aclaro que cubas se le llama a ciertos recipientes, no se crea que se emborrachaba uno en el cuarto oscuro.

Hoy en día parece casi increíble que alguien, por voluntad propia, se avocara a realizar todo ese trabajo, pudiendo encargarlo a una casa especializada. Pero adentrase en todas las etapas del proceso creativo es la mejor forma de conocerlo y perfeccionar las propias fotografías. También es cierto que, si recibir un sobre con nuestras imágenes era emocionante, contemplar como dichas imágenes aparecen al fondo de una charola ante nuestros ojos es formidable.

Como se imaginarán yo tuve la oportunidad de montar un cuartito oscuro en un rincón de la casa familiar. Curiosamente, mi Padre había practicado esta disciplina muchos años antes, tanto la fotografía como el procesado de imágenes. Tan es así  que el foco "inactínico" y las charolas que usé fueron un entrañable regalo de su parte.  Y tan es así que ganó un premio en un concurso de fotografía organizado por un  periódico.

No he localizado aún el recorte que se conservaba de aquella fotografía, donde, además, se detallaban los méritos de la imagen y el premio de un peso con cincuenta centavos para el autor de la fotografía.  En compensación le comparto estas imágenes, son de la hacienda de Palmillas en los años treinta, la otra es de un lugar que no hemos identificado aún, pero no es de Chamacuero, sin embargo, como la tomó un chamacuerense, pues la incluimos.


Curiosamente, mi Padre siempre decía, sin lamentarlo, que el peso con cincuenta nunca había llegado a su poder.

Lo que sí no sucedió fue que mi Padre me enseñara a tomar fotos o a procesarlas; pero en la Universidad de Guanajuato se impartían, además de todas las carreras tradicionales, cursos en diferentes disciplinas artísticas, uno de ellos era la fotografía.  Así que me esperé a que mi compañero Salvador Flores asistiera al curso, se emocionara, pusiera su cuarto oscuro en el cuarto piso del "Menudo doña Lupe" y, en cualquier oportunidad, me enseñara el proceso.  Grandes debieron ser mis fundamentos prácticos y teóricos en esta disciplina si aprendí de uno que todavía no acababa de aprender, aunque tenía tanto o más entusiasmo que yo.

Sin embargo, es menester aclarar que todo esto, que estaba relativamente al alcance de los entusiastas, era para la fotografía en Blanco y Negro. El color es un proceso más complicado y más delicado. Pero no se crea que se lamentaba nadie; desde siempre, y esto sigue vigente de algún modo, la fotografía en Blanco y Negro se ha considerado, en términos generales,  como la más apropiada para la expresión artística, en tanto que la fotografía a color es más para usos comerciales o sociales.   Siendo así era de los más conveniente tener al alcance el proceso de imágenes en Blanco y Negro para desatar nuestra creatividad, no sólo con la cámara sino en el cuarto oscuro. Dije "En términos generales" porque podríamos encontrar toneladas de artículos explicando por qué un formato es más conveniente que otro y, a final de cuentas, concluir que cada quien toma las fotos en el formato que más le agrada o juzga más acorde a sus intenciones artísticas. 

Adicionalmente, con aquellas técnicas los negativos eran en blanco y negro, recuerdo que había un rollo Tri-X Pan con una sensibilidad de 400 y un papel Kodabromide.  También se podía, llegado el caso, imprimir fotografía en blanco y negro a partir de negativos a color que había sido procesados en un laboratorio profesional, pero el resultado no era el mismo que partir del negativo específico en blanco y negro. Hablo de todo esto en tiempo pasado, porque utilicé estos materiales hace treinta y tantos años, pero sé que la fotografía analógica es aún utilizada por los suficientes usuarios como para que sobreviva, aunque tal vez sean menos del uno por ciento.

Bien a bien, no sé si es mi nostalgia la que me lleva a narrar todo esto, que no parece ser muy chamacuarense. Digo de paso que en mi pueblo tradicionalmente hubo, al menos,  dos grandes fotógrafos  que tenían su estudio y nos daban servicio para todos nuestros requerimientos en imágenes: El señor Sebastián Balderas, de quien espero publicar una reseña en algún momento y el Señor Antonio Balderas a quien ya tuve el gusto de entrevistar y publicar su testimonio en esta página.  Pero a donde quiero llegar es a que hoy en día, al menos para el otro noventa y nueve por ciento de los que toman fotografías no hay un dilema previo para decidirse a tomar sus imágenes, todas las cámaras digitales son en color y, aunque muchas de ellas puedan programarse para tomar las imágenes en blanco y negro, lo usual es tomarlas a color y, si se desea, realizar un procedimiento digital para convertirlas al blanco y negro. No se crea que este procedimiento es tan simple como se escucha y, además, es un proceso idóneo para poner en marcha nuestra creatividad.

Como es de suponerse, si realicé algunos años fotografías en Blanco y Negro, coincido en que tienen una fuerza expresiva que en ocasiones no tienen las imágenes a color. Y mi nostalgia y mi curiosidad me han llevado a convertir algunas imágenes de esta página, inéditas y no, para ofrecer este resultado:

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El Blanco y Negro
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Reportaje Gráfico, explosión de la pipa el 31 de enero de 1997
Las imágenes que integran este Reportaje Gráfico me fueron compartidas por el Sr. Raúl García, él a su vez, las recibió de una joven fotógraga de la que no recuerda el nombre; pero le fueron entregadas dado que, en ese momento, colaboraba en un periódicio local.

Ambos, el Sr. García y un servidor, desamos dalre el crédito correspondiente a la autora de estas imágenes, entre otras cosas por el alto valor histórico que entrañan, por la oportunidad con que fueron tomadas y por el necesario mérito técnico para su realización. 

Hay que recordar que en aquellos años se tomaban muchas menos fotografías que ahora. Incluso, si uno recurre a los diarios de aquel día, por las técnicas de impresión de estos, están muy lejos de tener la calidad de estas imágenes.

Si la autora de estas fotografías las reconoce, le agradeceremos que se comunique con el señor García o, si prefiere hacerlo así, que nos mande un mensaje al correo electrónico chamacueromexico@gmail.com.  Nos dará un gusto enorme porder decirles a los amables lectores quién tuvo todo el acierto de tomar estas imágenes. Así como todo aquello que la autora quiera compartirnos sobre sus recuerdos o motivaciones durante este suceso.

Añadimos una inexacta cronología de los sucesos, en la idea de que sea más comprensible la secuencia de las imágenes, sobre todo para quienes no vivieron esta tragedia tan de cerca.


31 de enero de 1997

Alrededor de las 10:30 de la mañana un autotransporte de gas L.P., propiedad de la empresa Trasnpormex, intenta ganarle el paso al tren, el tren corría de sur a norte, la Pipa salía de Comonfort rumbo a San Miguel de Allende.
El tren impacta la Pipa en la parte posterior del contenedor.
El tren arrastra el autotransporte por unos cincuenta metros hasta hacerlo a un lado, deja el tractor de pie, pero en sentido contrario a su curso, y el contenedor volteado sobre su costado. Este impacto provocó una fuga en el contenedor y una gran cantidad de gas L.P. se liberó.
Por alguna chispa, por el calentamiento de los metales, por lo que haya sido el gas liberado se incendió y formó una enorme bola de fuego que duró un rato, lo suficientemente largo, para causar un enorme daño, esta bola de fuego fue la que cobró la vida de siete personas, así como las graves heridas de los demás afectados.  Dependiendo de la cercanía con esta masa de llamas, las quemaduras eran de mayor o menor intensidad, lo mismo que si, providencialmente algún muro, casa, árbol protegió una tanto del impacto de la explosión.  En una de las siguientes fotografías se ve un letrero de Coca-Cola, quemado en la parte superior, este letrero está al menos a unos setenta metros del punto donde se incendió el gas.
Luego del enorme flamazo, una llama menor continuó ardiendo por varias horas, era una forma circunstancial, pero útil, de evitar una nueva explosión. 

El tren se detuvo a la altura del callejón de La Conquista.

Hacia las cuatro o cinco de la tarde la flama del contenedor fue apagada, mediante procesos llevados a cabo por bomberos especialistas; el riesgo de una explosión mayor parecía haber sido conjurado. No obstante, casi toda la zona fue evacuada hasta el día siguiente, nadie pernoctó en sus casas en ese rumbo de la ciudad. Para ese momento el tren había sido separado, para permitir el flujo de vehículos a un lado y otro de la vía.
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Reportaje Gráfico, explosión de la pipa, enero de 1997
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Fotografías antiguas que no había yo compartido
Aunque procuro celosamente dar el crédito correspondiente de todas las imágenes que se comparten en este espacio, en particular con las fotos antiguas, es común que una misma imagen me llegue de diferentes fuentes.

Menos común, peo sucede, es que algunas fotografías que pudieran formar parte de una serie ya publicada no hayan sido compartidas. Este apartado se compone de esas fotografías que no se incluyeron en el espacio que les era más idóneo, pero que tienen tanto valor como las que sí se publicaron.

La mayoría de las siguientes fotografías me fueron compartidas por la Sra. Ma. Teresa Ortega.

Como siempre digo, si alguno de los amables lectores reconoce a los presentes, tendré mucho gusto en compartir dicha información en este espacio.

Descripción de la obra y la personalidad del Dr. José de la Luz Mota

Entregó su vocación de médico con verdadera humanidad a los más pobres, saliendo a cualquier hora del día e inclusive de la noche a atenderlos, no importaba la lejanía y en condiciones infrahumanas ayudar a las parturientas de alto riesgo, en un petate en el suelo. Cientos de niños de su época vieron la luz del día con su intervención y muchos padres de ellos le pidieron apadrinarlos en su Bautismo. Tuvo casi un centenar de ahijados.

Esas mismas personas, campesinos, indígenas, son tan agradecidos que siempre le correspondían con obsequios en especie: frijol, tortillas, elotes, verduras, frutas y hasta corderos de leche para barbacoa.

Fue el promotor de la siembra y cultivo de durazno en toda la región, ya que se puso en contacto con los agricultores del Estado de Michoacán y Morelos para adquirir las plantas, que fueron distribuidas a todos los que estaban dispuestos a su cultivo. Comonfort fue un gran productor de dicha fruta en esos años y sus grandes cosechas fueron recolectadas por importantes empacadoras del país, dando así la oportunidad de mayores ingresos al Municipio.

Se organizaba anualmente el "Baile de la cosecha de durazno", con la aportación de recursos económicos de los agricultores, Club de Leones, Comité Cívico Municipal y el gobierno Municipal.

En una ocasión, salvó la vida de una señora con su hijo, que estuvieron a punto de ahogarse en el Lago de Chapultepec. El Dr. Mota, sin medir el peligro, se lanzó al agua con todo y traje para sacarlos.
No tengo información sobre lo que se celebraba en el comelitón de las dos imágenes anteriores, tampoco sé decirle quien era el señor de blancos bigotes que parece ser el homenajeado. En estas fotos reconozco a don Pepe Ortega (de traje gris y pañuelo en el bolsillo del saco) y a don Benjamín Sánchez que sólo figura en la segunda imagen (de traje oscuro, sentado, primero a la izquierda).
Si se observan ambas imágenes se verá que sobre los marcos de las puertas aparecen algunos números consecutivos.  No imagine usted que se trata de una vecindad, en realidad era un hotel ubicado en la calle Luis Cortazar y, aunque funcionó hasta finales de los años setenta, tuvo épocas de mayor esplendor y utilidad, probablemente en los tiempos que se tomaron estas fotografías, (mediados de los años cincuenta).  Actualmente este edificio lo ocupa el único banco que hoy existe en el municipio. Cuando entre usted a este inmueble, quizás pueda reconocer algún detalle de los que se aprecian en estas imágenes.

La primera imagen de las anteriores dos es tan cercana que no se aprecia ningún detalle del lugar en que se encuentran las personas fotografiadas, el hecho de que dos de ellos porten Quepí me hace ubicarlos en alguna oficina de gobierno, nuevamente de los años cincuenta.  Aquí reconozco nuevamente a don Pepe Ortega (de sombrero y puro al centro de la imagen) y a su lado el joven Antonio Carracedo Muñoz.  Siempre me han intrigado el motivo y las circunstancias por las que el joven de sonrisa afable y uniforme, se colocó en un triciclo (o una bicicleta muy pequeña) para la foto.

La siguiente imagen de las anteriores  es de "Los Baños", así se les conocía hace setenta años y un poco después, no era un balneario en el sentido contemporáneo de la palabra, ni un baño de vapor, era un lugar a donde la gente acudía a bañarse, de manera práctica o en plan más relajado.  Estaban situados en donde después estuvo el enorme "Salón Fiesta" y hoy está el Mercado de la calle Morelos, de su ubicación da testimonio la silueta, a lo lejos, del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Las úlitmas dos imágenes son de la Plaza 5 de Febrero, la primera muy antigua, de la década de los treinta del siglo XX (lo afirmo a partir del tamaño de los laureles). Muy singular porque muestra con mucho detalle el célebre portal donde se dice, sin que nada lo compruebe ni desmienta, que descansó el Padre Hidalgo, el 19 de septiembre de 1810. Al fondo se ve, como lo dice el rótulo en la foto, la calle Cortazar, frente al poste la barda del templo de San Antonio, en ese entonces del Santo Entierro.  Y sí, los tendidos eléctricos afean la imagen urbana, hace cien años, lo mismo que hoy en día.

La última imagen nos muestra una esquina de la plaza, cuarenta años después, es decir en los años sesenta, otra vez me baso en la fronda de los pirules para afirmarlo, pero hay un detalle adicional, en esta imagen ya se observan las bancas de "Terrazo" (es decir cemento, granos de mármol y colorante) que estuvieron varias décadas en este espacio, tenían un bello color rosa, lo mismo que las paredes, escalones y alfardas del kiosco.
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Las imagen precedente enfatiza mi comentario anterior, hemos publicado muchas fotos del antiguo puente sobre el Río Laja, tanto de su gozosa inauguración como de su debacle, pero no había yo compartido esta foto, que muestra a las personas sobre el puente ya derruido, como mojándose los pies o midiendo la fuerza de la corriente, misma que, por el nivel que se aprecia: unos dos metros por debajo del nivel original del puente, no es una de las máximas crecidas que tenía este río, en sus buenos años, cuando no lo habían domesticado (y enturbiado) con la Presa Allende.

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Fotografías antiguas que no había yo compartido
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Dos fotografías y un libro de Agustín Ayala
De entre la gran cantidad de fotografías y documentos que me compartió un apreciado colaborador de esta página, venían dos fotografías de Agustín Ayala García, el padre Agustín. Segun concluyo son de su época en el seminario Montezuma College de Nuevo México.  Como encontrar estas imágenes nos dio mucho gusto, nos dimos a realizar otra edición digital de la obra de este gran poeta: 

El libro se encuentra en nuestra sección de libros, o en esta liga
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Dos fotografías y un libro de Agustín Ayala
Libro
Fotografías antiguas tres



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Fotografía de Lázaro Cárdenas (y otras fotos antiguas)
El señor Francisco Leal, como ya había hecho anteriormente, me compartió una imagen muy singular. Singular porque es una fotografía antigua de nuestro municipio, singular porque en ella figura el General Lázaro Cárdenas del Río.

Pese al deterioro de la imagen, el genera Cárdenas es claramente reconocible,  no por el momento el resto de personas que figuran en la imagen.  Las letras rojas en la parte superior hacen suponer que son un añadido y, por lo mismo, que puede cuestionarse la veracidad de lo que afirman, o de lo que alcanzamos a percibir de lo que afirman:

... del General Lázaro Cárdenas ...   ... CNC... Gto... ... aparecen los señores Vicente...  ...José Hernández García.. ... Y Jesús Leal.

Y ese último nombre, Jesús Leal, que se mantiene incolumne ante la degradación de la humedad, es el que me parece que da credibilidad a la idea de que esta foto fue tomanda en Comonfort, pues concluyo que es el tercero a la izquierda de los que aparecen sentados, Jesús Leal Franco fue presidente municipal de Comonfort diez años después, de 1948 a 1949. La imagen, necesariamente está tomada, al margen del lugar en que esto haya sucedido, entre 1934 y 1940.  Una fotografía que habíamos publicado antes esta fechada en 1939 y habla de una Asamblea celebrada en La Palama, Comonfort, Gto.  El personaje central de dicha imagen, el que está detrás de unos expedientes  se parece bastante al segundo a la derecha después del general Cárdenas. vuelvo a colocar la imagen de la Asamblea. Finalmente es fama que el Gral. Cárdenas recorría con frecuencia todos los rincones del país.
La fotografía de abajo es del célebre portalillo que existía en la plaza 5 de Febrero, en donde se dice que había un poyo en que descansó el padre Hidalgo. Los señores ahí sentados atestiguan que exitía el tal poyo, lo que es absolutamente improbable es que Hidalgo se haya sentado a descansar el 19 de septiembre de 1810.   Ahora bien, por la prolongación de la calle aledaña me parece improbable que se trate del mimso portalillo. Sin embargo, el número de arcos, la geometría, el espsor de los muros, todo es idéntico en ambas fotos. Abajo de esta imagen coloco la que se considera auténtica de ese fragmento de la plaza.
Para un evento en octubre de 2023 me preguntaron si tendría alguna foto de la maestra Natalia Velázquez que tuvo un jardín de niños durante muchos años. Yo estaba seguro que tenía una imagen de ella en algún festival o evento público.  Pero imaginaba, con cierta lógica, que se trataría de una fotografía familiar donde mi hermano, en edad preescolar,  estaría declamando. La fotografía, que un tanto tarde localicé, se corresponde con esa descripción, aunque debe ser de alguna generación anterior a la de mi hermano; la maestra Natalia dirige a sus jovencícimos alumnos, en un 16 de septiembre y el estrado, también con seguridad, estaría ubicado en la plaza 5 de febrero, casi al inicio de la calle Hidalgo.
No tengo idea de quienes figuran en esta imagen, tampoco estoy seguro de la calle y menos aún del modelo de motocicleta, imagino que la foto es de principios de los sesenta, Pero a mi me gusta mucho, están los marcos de cantera de nuestras puertas, las banquetas enlajadas y los arroyos empedrados. Pero más importante, están cuatro jóvenes chamacuerenses de ese entonces, medio cohibidos por slair en la imagen, y una señora,  mucho más serena, con su delantal y sus trenzas sosteniendo a una pequeña  a la que no le interesó mirar a la cámara.
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Fotografía de Lázaro Cárdenas (y otras fotos antiguas)
Fotografías de los años treinta

 
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Yacimientos de Alunita en 1946
Hace ya varios años que el Archivo General de la Nación (AGN) publicó en sus espacios electrónicos los contenidos de algunos de sus fondos documentales, más adelante fue publicando, de manera digital, muchos de esos documentos, destacadamente fotografías. Más recientemente han sido publicadas algunas imágenes de documentos escritos.  De entre los primeros resultados de las búsquedas que me apresuré a realizar sobre nuestro municipio, surgió un estudio, concluido en  1946, sobre yacimientos minerales en Comonfort. Dicho estudio fue solicitado (tal vez solventado) por el banco de México.

Confieso que inicialmente no me atraía la idea de conocer dicho estudio, "hojeándolo" me percaté que contenía varias fotografías, lógicamente de los años cuarenta.  Comencé a leerlo y aunque ni mi interés sobre la geología, y mucho menos mi conocimiento, son grandes me fue interesando hasta que lo leí en su totalidad (son 160 páginas o fojas). En términos generales se describen los yacimientos de "alunita", un mineral a partir del cual pueden obtenerse diferentes materiales, unos ligados a los fertilizantes y otros a sustancias de uso industrial.  El estudio integra diferentes descripciones, pruebas de laboratorio y criterios para la explotación.  Como son hechos por diferentes especialistas algunos desestiman la explotación de estos yacimientos y otros la recomiendan.  Incluso alguno asegura que en todo México no hay más opción para este mineral que su extracción en Comonfort.

La primera parte de este largo documento es la que más información contiene acerca de nuestro municipio en los años cuarentas del siglo XX.  Por ese motivo la reproduzco y comento. Al final también reproduzco las fotografías. Si le interesa conocer todo el documento su referencia es:  Fondo Gonzalo Robles/Caja 27/ expediente 789, 1946/marzo/25.
Las siguientes indicaciones detallan como aproximarse a los yacimientos y las características generales de estos.

Esta primera parte de todo el estudio continúa por una veintena de páginas más.

Las siguientes fotografías tienen sus pies de foto originales, algunas imágenes no aportan información significativa, las últimas, las de "La fábrica en el cerro" nos muestran la "enigmática" construcción en funcionamiento. Aunque el informe incluye una imagen de la planta de caolín, el estudio está referido a otro mineral, quizás se incluyó como referencia de las actividades extractivas de la zona. Esta planta también esta fotografiada en su época de auge. Aún así todoas las imágenes nos muestran un fragmento del Chamacuero de hace ochenta años.
Esta primera parte es muy interesante ya que nos da razón sobre qué era una construcción "enigmática" en la falda del Cerro de Los Remedios.  Si uno mira hacia el norte en algunos puntos de la calle 20 de Noviembre, notará que en ese "escalón" que hace el cerro se distinguen unos altos muros y si se acerca al lugar verá unas piletas y en seguida se preguntará para qué construyeron esos espacios.  En esta primera página ya nos dice que se trata de una planta que procesaba la alunita propiedad de la compañía "Productos aluníticos S.A."

También las consideraciones geológicas del cerro son interesantes, ya que nos dice que ese que llamo "escalón" fue producto de una "antigua corriente de lavas de bastante importancia". En donde si yerran un poquito es en la altitud del cerro que en realidad es de 2054 m.s.n.m. y en la de la planta que es de 1850 m.  De la segunda planta se menciona que estaba muy cercana al ferrocarril y nos lleva a imaginar algún espacio al lado norte de la Plaza Álvaro Obregón, donde varias construcciones lucen muros de añeja manufactura.

En esta parte llama la atención que para llegar a Comonfort se hayan desviado desde antes de Querétaro, ya sabíamos que la carretera asfaltada llegó a Comonfort hasta los años sesenta, también apoya la hipótesis que sosteníamos sobre la falla del puente, atribuyéndosela a un defecto en la cimentación.

También me parece exagerado hablar de que solamente en Celaya encontrarían "Cómodos hoteles",  dado el tiempo de recorrido sin carretera asfaltada era, inclusive, más cómodo estar aquí que hasta Celaya.

Hacia el final menciona la planta procesadora de Caolín, material con el que solemos asociar esta región del municipio, no así la alunita.
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Yacimientos de Alunita en 1946
 
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Fotografías antiguas de los años sesenta
Mucho, realmente mucho del material que comparto en este espacio, me fue proporcionado por el señor Enrique Santana, hermano del Profesor Pláciado Santan Olalde, primer cronista de este municipio, quien compiló estas imágenes y el resto de los materiales.También me han compartido fotografías, textos y copias de documentos del profersor Santana las personas que fueron destinatarios de todo esto cuando falleció el señor Enrique quien, me gusta decirlo, desde mis primeras actividades como cronista me ofreció generosamente el acceso a los archivos del profesor Plácido, aunque casi no nos conociamos en aquel momento. 

Las cinco imágenes de esta sección provienen del archivo familiar del profesor Santana, incluso aparece él mismo en alguna de ellas (si mi capacidad de fisonomista no me engaña)
En esta última imagen vemos al Profesor Plácido Santana, cuando todavía no era profesor, luego de ascender al Cerro de los Remedios acompañado de dos muchachas y de un joven que llegó tan sediento, que no pudo esperar ni a que tomaran la foto ni a que el futuro profesro Santana se descolgara la cantimplora. ¿Qué tal si no ha llevado la cantimplora bien provista de agua...? se nos deshidrata el sediento y ni modo de echarle aire con ese sombrerito inspirado en los adornos navideños. Hablando un poco más en serio: es de llamar la atención que, para un rato a la intemperie, ni el profesaor Plácido ni las muchachas consideradon llevar gorra o sombrero. No cabe duda que eran otros tiempos, hace sesenta años el sol no quemaba como ahora.

Quienes marcialmente desfilan en esta fotografía, son los alumnos de la escuela Francisco Eduardo Tresguerras, identifico, del lado derecho y a la mitad del contingente visible, al profesor Isaías Vales Ortiz. Detrás de él parecen seguirlo otros cuatro profesores y profesoras. No he podido reconocer por qué calle van pasando, el marco de la puerta, el primero a la derecha, sería un buen indicador, con esos azulejos de rombos en sus jambas. Dado que no recuerdo haberlo visto, seguramente esa fachada fue modificada. La presencia del muy regular pavimento empedrado, no contradice que sea una de las calles más céntricas, pues estos pavimentos persistieron hasta finales de los setenta, por lo menos.  Las siglas EPUF en el banderín significaban Escuela Primaria Urbana Federal... ignoro si tales claificativos (Urbana y Federal) sigan siendo parte de su nombre oficial.
Muy probablemente esta imagen es contemporánea de otras que ya hemos compartido en este espacio, en donde figuraban muchachas con traje de china poblana y sombrero ancho. No puede uno imaginar sino una celebración del 16 de septiembre. Así lo confirma la imagen en el muro, entre las dos muchachas que van por delante. Parece verse un pedacito de bandera.  Es curioso que de todos los que figuran en la fotografía, una sola persona mira a la cámara. También es singular que las muchachas que van al frente, vayan tan serias, a pesar de ir tan engalanadas. No hay nada que nos diga en qué calle están, pero el letrero que dice 666, me hace pensar que es la calle Guerrero, porque ahí recuerdo un letrero similar, de ungüento 666.
Esta es la calle Magisterio, a la que en aquellos años le decíamos "El Boulevard" porque, coincidentemente, en la ciudad de Celaya se había ampliado y reconstruido una calle céntrica. Claro que nuestro boulevard era de una sola cuadra y no tenía camellón, pero era tan nuevo cono aquel. Una de las primeras personas que construyo en la nueva calle fue el señor Jorge Muñoz, quien edificó un departamento y un par de locales comerciales, en uno de ellos ubicó la Farmacia Ideal. Me parece que fue la primera de una cadena de Farmacias con este nombre ubicadas por toda la región (no estoy seguro si fue la primera, de que hubo una cadena de farmacias Ideal no hay duda). Son visibles en la foto los dos enormes aparadores, hechos de tabique y cemento (para no entra en más tecnisismos) que había a la entrada de la farmacia.  Es notorio que a ambos lados de esta construcción no hay nada. Claro que la intención de quien tomó la foto no fue ilustrarnos la Farmacia Ideal en sus inicios, ni el novísimo boulevard,  sino a los jóvenes de la escolta, conjeturo de la Escuela Manuela Taboada. Conjeturo también que el segundo del lado derecho es el señor José María Santana Olalde.
Creo que esta imagen es un poco más contemporanea, es la calle Melchor Ocampo y se aprecia la parte posterior del Mercado Hidalgo, muy recientemente remodelado en ese momento. El laurel que ahí figura es hoy en día todavía más grande. Llama la atención la manta en primer plano, parece colocada para cubrir la calle, pero seguramente nos engaña la perspectiva. Hacia el fondo se aprecia el tianguis que por muchos años figuró en esa plaza y que, cuando se volvió una instalación semifija, afeaba la plaza enormemente, en los momentos en que no había ni mercancías ni marchantes.
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Fotografías antiguas de los años sesenta
 
El Museo Casa del Dr. José María Luis Mora es mucho más que un edificio bien conservado de un enorme valor histórico.  Y no es que lo que acabo de describir sea poco, al contrario, pero el edificio que hoy conocemos, con todo y el contenido museográfico que alberga, es el producto de la suma de voluntades de muchas personas: muchos chamacuerenses interesados, tanto en crear un museo para su pueblo, como en recuperar y preservar la casa natal del Dr. José María Luis Mora.

Los chamacuerenses de hace cincuenta años también tenían, y quizás más, arraigado el orgullo hacia su pueblo y hacia el más destacado de sus hijos, el ilustre pensador, historiador e ideólogo de la reforma, según lo catalogan algunos de sus estudiosos.

De manera paralela, algunas de aquellos chamacuerenses había coleccionado piezas arqueológicas de este lugar, no en un afán depredador, sino porque prácticamente las piezas afloraban por si solas o tras una lluvia intensa. El caso es que una veintena de chamacuerenses tenía ya sus colecciones y junto con ellas, el deseo de que dichas piezas fueran formalmente preservadas y conocidas por el resto de la población, junto a las piezas arqueológicas también había vestigios paleontológicos, es decir fósiles de criaturas prehistóricas.

Coincidentemente a mi deseo de compartir las siguientes fotografías, el día 2 de octubre de 2025, participé en una charla sobre este tema en específico. Dos de los protagonistas de aquel proceso, tanto de la incipiente formación de colecciones arqueológicas, como de los esfuerzos para restaurar la casa natal del Dr. Mora, estuvieron presentes: el maestro Reynaldo Prado y el Lic. Félix Jiménez. Ellos detallaron la participación de muchas personas y la forma en que el interés arqueológico y el deseo de restaurar y preservar dicho inmueble se conjuntaron en lo que hoy es este bello, y significativo, museo; de paso ello también fue el germen de las semanas culturales en honor del Dr. Mora.  El maestro Prado hizo mucho hincapié en el papel destacado del arqueólogo Gerardo Zepeda en todo este proceso. Del mismo modo, en este espacio electrónico hemos hablado del importante papel que jugó el profesor Plácido Santana en este y otros proyectos del municipio.

Me parece importante mencionar a las personas cuya participación en todo este proceso, se registró en algún documento relativo a estas actividades, porque si los chamacuerenses estamos muy orgullosos del enorme pensador nacido en nuestro pueblo, también debemos estar orgullosos del modo en que los chamacuerenses de ciento cincuenta años después se esforzaron en conservar y restaurar su casa natal, con el añadido de darle el mejor uso posible en estos días, un museo que reseña nuestra historia, desde su más arqueológico pasado.

La lista, necesariamente incompleta, es la siguiente:

Sra. Soledad Sánchez de Olalde
J. Enrique Hernández Campos.
Ma. del Carmen Camacho Silva.
Gerardo Olalde Morales.
Ma. Guadalupe Vázquez.
Alberto Silva Vázquez.
Rebeca Bustamante C.
Manuel Ramírez Morales.
Carlos Guerrero Olalde.
Rosario Valle Ramírez.
Natalia Velázquez.
Elvira Leal Montoya.
Salomón Labrada Parra.
Antonio Yerbabuena Lanten.
Juana Landín Moya.
Graciela Mota Hernández.
Alicia Mota Hernández.
Luis Landín Moya.
Beatriz Mota.
Clara Leal Montoya.
J. Francisco Ramírez Martínez.


El coordinador
Prof. Plácido Santana Olalde


Las imágenes dan idea de todo lo que se tuvo que hacer para que el inmueble sea el que hoy conocemos.

Se aprecia la carencia de muchos techos y el deterioro en los muros y otros elementos arquitectónicos.

Otras fotos ya ilustran los primeros días del funcionamiento del museo. Algunas de las piezas que aquí figuran ya no están expuestas, cuando el INAH hizo una remodelación del discurso museográfico, ciertas piezas, según lo afirmaba el profesor Plácido Santana, fueron reintegradas a los donantes.

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Fotografías del Museo Casa Dr. Mora
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Fotografías del Museo Casa Dr. Mora